Un poco sobre mi.

Por alguna extraña razón, en un desvarío mental sobre qué plasmar por este medio, decidí comenzar por los colores. No es algo que precisamente me quite el sueño, pero si me pone en encrucijada cuando algún niño me lo pregunta -o mi pareja, como dentro de esas cosas básicas que debemos conocer y compartir. Expongo pues, que mis opciones son el rojo, negro y gris. Mientras que el primero se fundamenta en una afinidad futbolística, con los demás me siento más cómodo por su practicidad. Desafortunadamente mi elección tampoco sería clara si hablamos de música: al menos me aseguro de valorar todo lo subjetivamente valorable (y que los demás no escuchen cuando repito por cuadragésima vez la misma canción sin interrupción). Admito, esta vez sí para mi pesar, hallarme limitado en la ciencia de comprender la música.

Es análogo al software. Grandes y exitosos sistemas informáticos se juzgan como una pieza majestual de ingeniería. Un caso puntual es Linux. Disfrutar no sólo su funcionamiento, sino su elaborada construcción y dedicación, requiere un background altamente técnico. Si traemos al bobo de turno -el que no entiende nada de computadoras- y tratamos de explicarle por qué es una pieza de alta calidad técnica, su valoración será pura y exclusivamente subjetiva, concluyendo en el peor -y más probable- caso con la siguiente expresión: "Ah, mirá vos".

Si al bobo lo cambiamos de contexto, supongamos en la música, y lo nombramos Emiliano, el resultado es prácticamente similar. En el corto plazo es frustrante. Por ello, me he propuesto estudiar teoría musical en alguna estadía de mi corta existencia.

¿Cómo continuar? Bueno, no soy fanático del género literario, acudo a él únicamente cuando deseo mejorar el lenguaje aunque advierto que en más de una ocasión me perdí en las prosas y versos de diversos poetas, injustamente llamados escritores --título poco apropiado para quien percibe la realidad de manera extraordinaria--. Soy un detractor del género autoayuda, principalmente por la mala calidad de sus exponentes. Nobleza obliga, categorizar a "Los 7 hábitos de las personas altamente efectivas" de Stephen Covey dentro del mencionado género, es un insulto al autor, a la gente de bien y a sus lectores, incluyéndome. Evito ver películas y series.

Hace más de un año advertí desde estas columnas que me encontraba saliendo de una meseta. Puedo afirmar que salí de ella, reviviendo

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